|
|
Hay un archivo que
siempre tiene un trabajo extenuante: allí llegan constantemente
imágenes de caras específicas y su misión es conocer a quién
pertenecen. El sistema es muy eficiente. La imagen de la cara se
escanea rápidamente, luego se busca en los estantes y se verifica a
quién pertenece.
No se trata del archivo del FBI, la CIA ni
de otro organismo de inteligencia sino del cerebro humano, que viene
equipado con un sistema de almacenamiento similar al de cualquier
colección de fotografías. Las personas tienen la capacidad de
guardar hasta 10.000 caras diferentes durante su vida. Estudios han
mostrado que cualquiera puede reconocer a gente que conoció hace 10
años o identificar el 90 por ciento de los compañeros de colegio con
quienes compartieron pupitre hace 35 años.
El proceso sucede
en tres etapas: la primera es percibir a través del sentido de la
vista los rasgos físicos de esa cara. Con esa imagen en la mente, el
cerebro luego determina si esos rasgos son conocidos o no. Si lo
son, el siguiente paso es identificar el rostro con el nombre
equivalente.
Todo esto sucede en milésimas de segundos al
ver la cara del presidente Álvaro Uribe, la de Gabriel García
Márquez, de la vecina e incluso la propia. A veces la gente se tarda
más, por ejemplo, cuando se encuentran una cara que resulta familiar
pero no es posible identificar dónde y cuándo la conocieron. Otros
sufren de una rara condición conocida como ceguera facial. Son
individuos que tienen impedimento para reconocer las caras de las
otras personas, e incluso la propia. Este problema por lo general
viene acompañado de otros, por ejemplo, dificultad para reconocer
lugares, carros o emociones. Esta condición se conoce como
prosopagnosia, frecuente en individuos con algún tipo de demencia.
Conocer cómo el cerebro de una persona reconoce las caras de
los demás se ha convertido en un tema importante de estudio para
entender mejor esta enfermedad. También resulta interesante desde el
punto de vista evolutivo pues se cree que la habilidad para
reconocer caras es casi igual a la habilidad de reconocer
individuos, y ello ha sido clave para el desarrollo de la vida en
sociedad.
El sistema de reconocimiento en tres etapas fue
descrito hace un par de semanas por un grupo de científicos del
University College de Londres, a partir de un estudio. A los
participantes les exigieron ver una serie de imágenes que empezaban
con una foto ciento por ciento de Marilyn Monroe, la cual lentamente
se iba fundiendo en la de Margaret Thatcher hasta terminar en otra
ciento por ciento de la dama de hierro. Los cerebros de los
voluntarios estaban conectados a un escáner para medir la actividad
en ese órgano.
Cuando se les pidió que identificaran cada
cara, los investigadores se dieron cuenta de que el cerebro trata de
dar un solo nombre, aun cuando la cara que se observa parece la
mezcla de dos personas. "Una cara que tiene 60 por ciento de Marilyn
Monroe y 40 por ciento de la Thatcher va a ser identificada como una
versión más vieja de la Monroe, mientras una imagen con el 40 por
ciento de Monroe y 60 por ciento de
Thatcher sería vista
como una versión sexy de la dama de hierro", explica Pia Rothstein,
una de las investigadoras del estudio, que apareció publicado en la
revista Nature Neuroscience. Los expertos advirtieron que hay tres
áreas involucradas en el proceso de reconocimiento de una cara. El
gyrus occipital inferior, localizado al fondo del cerebro, es
sensible a los cambios sutiles en la cara, como por ejemplo las
arrugas. El gyrus fusiforme derecho, localizado detrás de los oídos,
es el área que compara diferentes imágenes para ver si encuentra un
equivalente. De ser así, envía un sentimiento de familiaridad. Es
cuando la persona dice: "Yo creo haber visto a esa persona antes".
La tercera región involucrada es la corteza temporal anterior,
ubicada al frente del cerebro, esencial en la identificación de
personajes. Esta área se mostró más activa cuando la cara que se
debía identificar era más conocida. Rotshtein explica que este
proceso también se inicia cuando las personas vuelven a ver una cara
conocida después de un tiempo, por ejemplo, cuando la hija regresa a
casa para Navidad. "La mamá empieza a hacer una lectura del rostro:
¡has engordado, te ves bien!", dice.
En síntesis, el estudio
mostró que identificar una cara al menos requiere dos pasos: "Uno es
el sentimiento de familiaridad, y el segundo, adherirle información
semántica a esa identidad facial", explicó la experta a SEMANA.
Si alguna de estas áreas falla, como sucede en algunos tipos
de demencia, la epilepsia y el autismo, la persona pierde la
capacidad para identificar a los otros, para llamar a la gente por
su nombre o para creer que muchas caras diferentes pertenecen a la
misma persona.
Otros estudios han confirmado estos
hallazgos. Brad
Duchaine y Ken Nakayama, de la Universidad
de Harvard, realizaron un estudio con personas que sufrían
prosopagnosia. Su meta era conocer si el cerebro cuenta con un
sistema de reconocimiento de caras exclusivo o utiliza el mismo para
los objetos. El experimento consistía en proyectar una serie de
imágenes de caras y objetos y repetir 10 de estas fotos. Los
voluntarios debían decir si la imagen era nueva o repetida. La
hipótesis de los investigadores era la siguiente: si el
reconocimiento visual se hace en un solo tipo de proceso mental sin
importar lo que se esté viendo, entonces los sujetos con ceguera
facial deberían tener dificultad para reconocer todos los objetos
repetidos en la serie. Sin embargo encontraron que si bien ninguno
de los enfermos pudo reconocer bien las caras, sí pudieron
distinguir entre las otras imágenes repetidas tanto como lo haría
una persona sin prosopagnosia. Esto confirma la idea de que el
cerebro maneja la memoria facial en un lugar diferente al de los
objetos. Otro estudio realizado por este par de investigadores y
publicado en la revista Neuron encontró además que el reconocimiento
de caras es una habilidad que ciertas personas no tienen. Hace una
semana en la misma publicación apareció un trabajo de Galit Yovel
y Nancky Kanwisher, del
Massachussets Institute of
Technology (MIT), quienes encontraron que cuando alguien mira una
cara, el área de mayor actividad es la C. fusiforme derecha, lo que
coincide con los hallazgos de la doctora Rotshtein.
Todavía
falta explicar mejor por qué cuando una persona con prosopagnosia ve
una cara no puede retener la imagen de los ojos, nariz y boca sino
apenas algunos detalles del cabello. Lo interesante, dice Rotshtein,
es que en el proceso de reconocimiento hay muchas variaciones.
Algunos son excelentes para reconocer caras y llamar a la gente por
su nombre, a pesar del tiempo y la distancia. Otros, por el
contrario, ni siquiera pueden ver una película con más de seis
personajes porque se pierden en la trama. Ese será el tema de su
próximo trabajo, para ella, una manera de ponerle la cara a este
peculiar mal.
|